Sobre el Trabajo Interior

Polinicemos

El contexto actual nos hizo cambiar nuestro comportamiento social. Independientemente de si este cambio será permanente o no, nos obligó a priorizar el supuesto bien común por sobre el bien individual de un modo inimaginables en sociedades libres y democráticas (al menos, en tiempos de paz). Tal sería la situación de emergencia que estamos atravesando, que muchas personas están dispuestas a sacrificar derechos y libertades esenciales en pos del bien común.

Esto me hizo pensar en las colmenas de abejas: sociedades perfectamente cronometradas, tan complejas que son capaces de contener a decenas de miles de individuos, cada uno de ellos con un rol social determinado y fundamental para la colmena, la cual tiene una entidad tan importante como sus propios individuos. En nuestra tradición, las abejas simbolizan el trabajo incesante y mancomunado; y la colmena, por su parte, el resultado, el objeto de este trabajo: sociedades perfectas (geométricamente perfectas), equilibradas y con individuos interdependientes. Aspiramos a construir colmenas, y por ello miramos a sus constructoras naturales.

Ahora bien, ¿es esto lo que hace realmente trascendentales a las abejas?

Si queremos consolar a un niño que fue picado por una abeja, seguramente ensayemos algo similar a lo siguiente: “¿sabés que las abejas son muy especiales? Al volar, polinizan y gracias a ello existen las flores.” Es esto lo que las hace especialmente trascendentales: más allá de su comportamiento social, más allá de su impecable conducta laboral, más allá de sus geométricas y perfectamente sincronizadas colmenas, como un subproducto involuntario de su trabajo las abejas polinizan.

Éste es un proceso maravilloso mediante el cual las abejas se garantizan más polen (es decir, más trabajo) pero también generan un mundo con mayor biodiversidad, riqueza y belleza. De manera casi involuntaria, las abejas son un pilar fundamental del bioma terrestre.

¿Alguna vez se han preguntado si su trabajo poliniza? Piénsenlo con detenimiento y prestando atención al siguiente detalle: polinizar no implica tomar acciones altruistas con la finalidad directa de construir una sociedad mejor, sino mejorar la sociedad como consecuencia indirecta de cada acción que tomamos, independientemente de su finalidad principal. El fin de la abeja no es polinizar; y sin embargo, embellece y enriquece el mundo. Polinizar es velar por ser caritativos durante las horas de nuestra vida que no dedicamos específica y proactivamente a la caridad, es entender el efecto de nuestras acciones en los otros aun cuando trabajamos para nosotros mismos.

Polinizamos cuando compartimos nuestro conocimiento con nuevos ingresantes en nuestro trabajo, polinizamos cuando pensamos cómo mejorar las clases para nuestros alumnos, polinizamos cuando donamos a quien lo necesita, polinizamos cuando compartimos nuestras ideas, polinizamos cuando mantenemos la limpieza de espacios públicos, polinizamos cuando escuchamos y contenemos a un cliente enojado. Todas estas acciones nacen por un interés personal, pero de algún modo u otro afectan a terceros. Cuando me esfuerzo por dar una clase mejor no es altruismo: me esfuerzo porque me importa formarme como docente. Simultáneamente, como subproducto de mi esfuerzo, quienes escuchan mis clases reciben todo lo que puedo darles.

Nuestra capacidad de polinizar se sustenta en tres virtudes: generosidad, empatía y fraternidad. Generosidad porque, así como el polen caído representa un peso extra que la abeja debe cargar, muchos de estos actos representan un esfuerzo mayor para nosotros. Empatía porque, a diferencia de nuestros queridos insectos, nuestro proceso de polinización es doblemente consciente: debemos elegir polinizar y debemos elegir cómo polinizar. Y fraternidad porque es el pilar, pero también (y más aún), la justificación y la razón de ser de todo este esfuerzo. Polinizando podemos ejercer nuestra libertad, buscar nuestro bien, sin dejar de valorar, proteger y cuidar las libertades y el bienestar de los demás. Siendo que nuestro proceso de polinización es consciente y deliberado, no solo podemos, sino que tenemos el deber de velar proactivamente por ellos.

Polinizar es buscar siempre la manera de poner nuestro grano de arena (o de polen) para construir una sociedad mejor, aun mientras perseguimos nuestro propio bienestar. Polinizar es tener en cuenta, polinizar es cuidar, polinizar es amar. A nosotros mismos, y a todos los demás. Es la mejor metáfora que puedo encontrar para describir el rol que quiero ocupar en la sociedad: quiero trabajar polinizando; quiero ser un mero insecto que cada día y como consecuencia de su trabajo y de su esfuerzo se mejore a sí mismo y colabore en la mejora del mundo que le toca habitar.

El contenido de este artículo expresa la opinión del autor y no representa el pensamiento o posición de la Masonería como institución.